Los días de encierro van pasando y yo me siento sepultada. Siento que hay kilos de tierra inmovilizándome, entumeciendo mis articulaciones e ingresando poco a poco dentro de mis pulmones. Me siento muerta.
Nadie me escucha, nadie me lee, nadie me extraña, nadie me soporta. Es evidente que en mi cabeza ha sucedido varias veces un suicidio, y conforme corre el tiempo esta fuerza oscura me acecha con más severidad.
Yo sé que todos estamos solos. Pero yo vivo en el exilio de todos, y peor aún, en el exilio de mí.
No hay ningún talento que me acompañe o que me signifique valor. Qué ganas de romperse la piel y de caer sin dolor (por favor no más dolor) dentro de cualquier precipicio, o fuera de él, qué más da.
Estoy fuera de todos y adentro de mí, adentro de mi pasado, adentro de no querer haber nacido.
Ya no tengo fe. Lo siento.
Lo siento por mí.
viernes, 3 de abril de 2020
domingo, 12 de enero de 2020
Pato.
Pato,
Me faltaba esta carta.
Gracias por otro año juntos. Gracias por el 2019.
Pienso en nuestra relación y a mi mente vienen mil recuerdos. Risas, besos, abrazos, salidas, calor, nuestras manos juntas.
Pero me es inevitable pensar en la otra cara de la moneda. Gritos, heridas, palabras como cuchillos, como balas. Orgullo, indiferencia, discusiones poderosas, quejas, dolor, llanto.
No sé qué hacer. Cuánto lo he amado, cuánto corazón he puesto en nosotros dos. Y estoy aterrada, porque estoy muy solitaria. No tengo a dónde correr ni con quién. Estoy yo con mis miedos e inseguridades, con visitas que no reconozco, con gente que nunca había visto asomándose en mi vida.
Hay días en los que intento sanar. Hay días en los que me encuentro destruyéndome, volviendo a las cenizas. Detestando el pasado, y aún así, amarrándome a él. Y se lo juro por mi vida, vida que la misma vida me dio, que me quisiera morir. Y ruego porque fuera indoloro, porque siento que mi espalda no puede más.
La música me va exorcizando un poco. Y la herida no es herida si no se le echa limón y sal. Si no se cava dentro de ella y luego se empieza a florecer.
Pato, estoy asustadísima de una vida y de una muerte sin usted. He pintado su cara en todos los rincones. Camino con el recuerdo de su voz todo el tiempo. Siento su aliento, su piel en mi cuello, en mis manos. Y ese es el único propósito que tengo para levantarme de la cama.
¿Usted cree que sola me pueda ir mejor? ¿O a quién puedo preguntarle este tipo de cosas si se supone que somos mejores amigos?
Ocean Eyes
He estado observándote por un tiempo.
Seguramente no te habrás fijado en mí.
Creo que yo tampoco lo haría.
Yo he amado desde antes.
No hay un centímetro de piel que no conozca alguien ya.
No encontrarás ninguna novedad en mí. Soy más bien ordinaria.
Estoy viéndome crecer.
Soy consciente de mi cambio. Y de que continúa sin parar. Los años.
Eso puedo ofrecer a quien pusiera sus ojos en mí.
Insisto, yo tampoco lo haría.
lunes, 6 de enero de 2020
Sobre los nuevos inicios.
Pienso que escribiendo mis ideas se van acomodando y al leer lo que he redactado, le veo mayor sentido a lo que mi mente está manifestando.
Acabo de llegar de mis primeras vacaciones laborales; las titularé así porque durante mucho tiempo estuve acostumbrada a salir del colegio/universidad y desconectarme por meses.
Fueron casi 15 días de prácticamente no hablar con nadie por celular, no apagar incendios, largas siestas, salidas en la tardecita, comida hecha por mi mami, ver a mi hermano y sentir su compañía tranquila, ver a mi papá trabajando todos los días de las fiestas navideñas y teniendo muchas discusiones y besos apasionados con mi novio.
Hubo momentos de ansiedad muy grandes, hubo un poco de aburrimiento, de tristeza, enfermedad, carcajadas.., en fin, si algo quisiera trabajar sería mi montaña rusa emocional. Una vaina de la que aparentemente nunca me bajo.
En unos días cumplo 23, y después de varios años, tengo la intención y las ganas de escribir y cumplir algunos propósitos. Soy de las personas que en el año viejo sí ve cierres, y en el nuevo, ve gente motivada a empezar de nuevo, gente que sueña y que cumple, personas que planifican y logran con mucho trabajo y disciplina lo que se proponen; eso quiero yo, quiero sentir que consigo algo, que actúo con motivos.
Realmente no sé cómo organizarme, siento que hay mucho por hacer y que aún necesito resolver algunas cositas y cosotas. Pero, 2020, quiero sentir que puedo contigo, conmigo, amaría ver a mis padres orgullosos de mí, pero más aún, me encantaría ir al 31 de diciembre de este nuevo año y decir: Laura, lo hiciste. Viviste. Lograste lo que no pensabas lograr. Y brindar, brindar con alegría.
Acabo de llegar de mis primeras vacaciones laborales; las titularé así porque durante mucho tiempo estuve acostumbrada a salir del colegio/universidad y desconectarme por meses.
Fueron casi 15 días de prácticamente no hablar con nadie por celular, no apagar incendios, largas siestas, salidas en la tardecita, comida hecha por mi mami, ver a mi hermano y sentir su compañía tranquila, ver a mi papá trabajando todos los días de las fiestas navideñas y teniendo muchas discusiones y besos apasionados con mi novio.
Hubo momentos de ansiedad muy grandes, hubo un poco de aburrimiento, de tristeza, enfermedad, carcajadas.., en fin, si algo quisiera trabajar sería mi montaña rusa emocional. Una vaina de la que aparentemente nunca me bajo.
En unos días cumplo 23, y después de varios años, tengo la intención y las ganas de escribir y cumplir algunos propósitos. Soy de las personas que en el año viejo sí ve cierres, y en el nuevo, ve gente motivada a empezar de nuevo, gente que sueña y que cumple, personas que planifican y logran con mucho trabajo y disciplina lo que se proponen; eso quiero yo, quiero sentir que consigo algo, que actúo con motivos.
Realmente no sé cómo organizarme, siento que hay mucho por hacer y que aún necesito resolver algunas cositas y cosotas. Pero, 2020, quiero sentir que puedo contigo, conmigo, amaría ver a mis padres orgullosos de mí, pero más aún, me encantaría ir al 31 de diciembre de este nuevo año y decir: Laura, lo hiciste. Viviste. Lograste lo que no pensabas lograr. Y brindar, brindar con alegría.
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Sobre las comparaciones.
Me gustaría empezar diciendo que muchas cosas y situaciones no son lo que yo quiero que sean.
Llevo un año y medio preocupándome excesivamente por momentos que no puedo controlar y es una tontería, porque el sufrimiento es enorme pero las soluciones son concretas, puedo ver las respuestas con facilidad y aún así elijo frustrarme a cada instante.
No pretendo escribir con sentido porque no me siento lógica en este momento. Y está bien. Está muy bien reconocer mis emociones, está bien habitar el enojo un rato, habitar la desesperación, la ansiedad. Solamente que, quisiera hallarle esperanza a mi vida continuamente, abandonar las incertidumbres y las inseguridades que tanto me lastiman.
Está bien sentirse indefenso, sentir que hay cosas, personas, ideas más grandes que uno. Pero, ¿todo el tiempo? Qué mierda. Literal.
Quiero dejar de compararme con la persona a mi lado, y con las que están arriba, abajo, al frente. Quiero dejar de medirme todo el tiempo. Estoy siendo cruel conmigo y no me gusta.
Por favor, que esto se me quite de encima. Del corazón, de la mente.
Mis padres me dicen que soy única y eso trato de creer todos los días. No quiero que sea mentira.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)